Uno asocia el infierno con fuego, llantos y crujir de dientes. Una visión cristiana. Pero este infierno grande que corresponde a nuestro pueblo chico se parece actualmente más a ese Hades que visitó Ulises en la Odisea: Un lugar oscuro, deprimente, desolado, desesperado…
Así como se siente hoy San Pedro. Ese tipo de infierno desilusionado en que se frustró un cambio que muchos anhelaban y que se convirtió en una continuidad del gobierno de la señorita, sin las ventajas que existían cuando estaba la señorita…
Lo que es preocupante, porque realmente nuestra comuna afronta desafíos grandes, que requerirían gente apta y energías positivas. Tanto el agua potable como la generación de energía (ya hablaremos en detalle de esto) tienen crisis organizacionales que no van a superarse por simples cambios de directivas o de administradores, porque el problema es estructural. Somos muchos ya. 10.996, según el censo. Y esto no cuenta a los pasajeros del turismo ni a la población flotante.
Además, están los planes del estado y del sistema para esta comuna. La mayoría de esos planes no se definen aquí, desde un gobierno local. Quizás ni siquiera en el gobierno central.
Con las organizaciones llamadas comunidades indígenas reducidas casi completamente a organizaciones de carácter gremial, no parece tampoco haber referentes morales, culturales ni técnicos que permitan frenar las acciones de la minería, que ya partió, repartió y destruyó el salar de Atacama y ahora va por los salares que quedan.
Podríamos seguir, pero se supone que esta editorial pretende ser positiva, ya que celebramos el hecho de estar en la calle, con la creencia de que la información y la discusión de la información es un bien necesario en estos tiempos.
Veremos si somos ilusos, optimistas o nuestra esperanza tiene algún asidero con la realidad
Desde aquí un saludo a todos nuestro futuros lectores y esperamos vuestra critica y, aunque no necesariamente estemos de acuerdo en la forma de ver las cosas, esperamos también vuestro apoyo.